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Jugando a la casita

26 Mar

Yo, Conejitocisne, lo confieso: tengo complejo de Susanita, la amiga de Mafalda.

No sé por qué ni en qué momento me dio pero un día desperté con muchas ganas de casarme, poner una casita que fuera muy cuca y tener hijitos. La verdad del asunto es que en estos momentos dudo mucho casarme y menos tener hijos pero sí estoy pensando seriamente en poner una casa.

Por causas y circunstancias que cayeron del cielo, se presentó la oportunidad de poner un departamento y, entre otras cosas, eso es en lo que últimamente he andado.

¡Qué complejo es eso, yo nunca lo imaginé!

Para empezar hay que conseguir un lugar, y aunque no me lo crean, no es tan fácil como parece. Primero, porque tienes que ajustarte a un presupuesto. Luego, tienes que ver que cumpla con ciertas necesidades y expectativas (como ubicación, tamaño, servicios). Y finalmente, que te guste y sientas que el lugar será un buen hogar.

Luego, está el asunto de prepararlo. Ver que todo funcione es un rollo: ciertas cosas que yo daba por sentadas, como la luz, el gas, el agua, uno tiene que hacer trámites y cerciorarse que funciona como deben. Luego, arreglar pequeños detalles como que un vidrio está cuarteado o que haya conexiones de luz apropiadas o que el baño requiera una lavada y desinfectada masiva antes de usarlo.

Por último está la parte de llenarlo. ¡Y hay que pensar en todo! Sillones, electrodomésticos, cucharas, escoba, papel de baño, sábanas, ollas, comida, donde poner la comida, cómo cocinar la comida, ¡caray, cuántas cosas se requieren¡

Y bueno, al final de cuentas he aprendido un par de cosas, entre ellas, que lo barato sale caro y que más vale hacer las cosas una sola vez que muchas mal.

En fin, ya les informaré cómo sale todo. Besos, buen fin de semana.

Pd. No, la casa no es la mía, es la de mi novio. Y no, no me mudaré de mi casa, pero me he entretenido mucho ayudándolo en todos los preparativos.

Regla básica

2 Mar

Los hombres necesitan saber una cosa sobre todas las demás para cuando tienen sexo con una mujer.

Las uñas siempre van cortas, si se puede limadas mucho mejor, y súper limpias.

Si entienden ese principio, están en camino para entender todo lo demás que requieren.

¿Una amiga con pene?

23 Feb

Llámenme cínico pero para mí, lo que la querida Carrie Bradshaw dice que los hombres deben de saber de las mujeres no es una lista de conocimientos, sino un pliego petitorio a Santa Claus.

Porque aunque el primero, el segundo y hasta el tercer puntos parecen razonables, de ahí para abajo más bien parecen las cosas que una mujer exige que un hombre haga para medio mantenerla contenta. Y digo medio, porque como ya lo hemos mencionado antes, la lista parece también un llamado para que el supuesto hombre de su vida les mienta y entonces, la fémina en cuestión se enoje porque no le dijeron la verdad.

Creo que en muchas ocasiones las mujeres lo que quisieran de un hombre es que se portara como una mujer, pero que cumpliera las funciones de un hombre, o sea, que sea una amiga con pene. Lo he visto muchas veces con mis amigas y lo confirmo un poco con lo que Ms. Bradshaw escribe.

Y eso, mis Chulas, está cabrón.

Básicamente porque un hombre se porta como hombre, y entonces reacciona, razona y actúa como tal, por lo que ciertas consideraciones están fuera. No, no es que yo defienda los comportamientos de australopitecus de ciertos varones y tampoco es que crea que perro viejo no aprende nuevos trucos o que todos los hombres son (¿s0mos?) poco menos que seres brutos que no nos preocupamos por el menor detalle, pero sí creo que en general, nuestra atención y nuestras prioridades se decantan hacia otras cosas.

Básicamente, entonces, lo que los hombres deben de saber de las mujeres no es aprender a repetir como contestadora cuánto disfrutan los detalles de la galana en cuestión ni poner una alarma para saber cada cuánto tiempo deben de llamar por teléfono y demás variaciones, sino lo que tienen que saber es escuchar a su pareja, entender cómo responder ante sus necesidades y a sus estímulos y a, sobre todas las cosas, confiar en ella y quererla.

Con eso, creo yo, debería ser suficiente para mantener una relación de pareja sana.

De otra manera, creo que lo único que generan las listas de las expectativas de las mujeres sobre cómo debe de ser un hombre con ellas es frustración, porque la verdad, príncipes sin defectos, que se sepan el manual completo de cómo tratar a una mujer, nada más en los cuentos de hadas.

Eso no pasa

16 Feb

Quizás los hombres me saquen de su gremio por lo que voy a revelar a continuación pero ya es hora que lo sepan las mujeres (las que entren a este blog, al menos).

No es que los hombres las prefieran cabronas, dóciles, monjas o putas. Simplemente, no es algo en que piensen.

Zaz, lo he dicho. Y aún no recibo ningún telegrama deshonrándome, así que asumo puedo seguir hablando del tema.

Mujeres, he aquí el detalle: los hombres no son (somos) tan complejos. Las categorías (18 a 25 años, en búsqueda de una relación fácil, dispuestos siempre a aflojar el calzón y demás variantes) no nos quedan por una simple y sencilla razón: esas son etiquetas mamonas que ustedes inventan pero que honestamente no nos cuadran por el simple hecho de que no somos tan “elaborados”.

En serio, no pasa. Y no pasa porque en realidad, el hombre promedio tiene estructuras de pensamiento sencillas. Me explico: una cena consistente en carne asada, papas fritas, cerveza y buena compañía es “comida chingona”. Un vestido de talle princesa, strapless y corte sirena en las piernas con bordado hecho a mano sobre organza azul cielo es “un vestido” (y si todo sale bien en el mejor de los casos, “vestido con el que mi vieja se ve bien buena”). Y así al infinito.

Quiero saber entonces por qué se rompen sus cabecitas hermosas pensando: Si le contesto bonito, me arreglo, me hago hacendosa y aprieto las piernas seré “virtuosa” o si hago lo que quiero, gasto mi dinero en mi misma, no estoy al pendiente de su vida y le contesto que no seré una “cabrona”.

Lo más probable es que el 85 por ciento de los hombres las vea hacer esas cosas y diga: chido. Si les gusta la manera en la que se comportan, les convence y les va en ese momento, lo tomarán. Si no, pues no. Simple y sencillo. Pero lo que dificilmente pensarán: “esta vieja es una cabrona en nivel 83.5 con una inclinación de putería de 35.5, que varia según el grado de alcohol en sus venas, y comportamientos convexos tendientes a la esquizofrenia del 3.9; sí, pues, sí me conviene”.

Entonces, si realmente creen que siendo “cabronas”, “dóciles”, “putas”, “sencillas” o de cuanto adjetivo quieran apropiarse para resguardarse de los hombres, síganlo haciendo. Lo más probable es que ninguno de ellos lo note.

La ley de Herodes

2 Feb

Con la ley de Herodes tienes de dos, Mij@: Te Chingas o Te Jodes. Y es que hay ocasiones en las que, la verdad, uno no tiene más que de esas dos sopas y ni modo, hay que tragársela completa.

¿No me creen? Pasa todos los días: en el trabajo, la escuela, el médico/dentista, y sobre todo, en las relaciones serias (para el free no aplica esto del ahuevo, ventaja más para la relación sin compromiso).

Por si no me creen, unas cuantas perlas de aquellas situaciones en las que uno mejor se calla y se aguanta. 

1. “Amor, tenemos cena con mis papás”. Y justo esa noche hay cualquiero otra mejor cosa que hacer. Concedo, los papás ajenos pueden ser gente muy agradable, pero lo más probable es que uno quiera hacer cualquier otra cosa a chutarse varias horas de manera elegante, y si los familiares no son gente agradable, la puerca acabó de torcer el rabo. La peor parte: que uno no puede decir que no, porque también tenemos compromisos familiares que atender.

2. “Mi vida, te presento a mi Ex”. P*ta, otra situación en la que uno se tiene que morder un huevo ovario, aguantar a que pase el momento y (pretender) que uno es mil veces mejor que el otr@. Y es que, independientemente de lo que pase después, uno no puede ni huir ni nada, por más que se desee la tierra se abra.

3. “Hoy no tengo ganas de cuchiplanchar”. Pasa, puede ser extraordinario, pero pasa. A veces, el otr@ no tiene ganas de ponerle nombre al chamaco y ni modito, hay que aguantar, porque muchas ocasiones nosotros tampoco tenemos ganas. Y que luego si uno forza la situación, aparentemente es violación.

Así pues, ante esta y otras ocasiones, lo único que resta es aguantar (como las mach@s) y sonreír como pendej@, que ya llegará nuestra oportunidad de que, cuando la vida nos dé la espalda, pellizcarle las nalgas por desgraciada.

¿Raro?

26 Ene

La verdad, en gustos se rompen géneros, y para aquel asunto del sexo, aún más. Y exceptuando ciertas prácticas, la experimentación hacia nuevas áreas puede dar un impulso muy grande a una relación, sea un simple acostón o una relación de muchos años.

Creo, por eso, que probar cosas nuevas, aunque al principio nos parezcan fuera de lo común, puede ser muy divertido (mientras no se violen tres reglas, incluídas al final de este post) por lo que a continuación, cinco cosas que puedes hacer para salir de la rutina:

1. No ser uno mismo. La verdad, tendemos a repetir nuestras conductas en forma de rutina, hasta al momento de cuchiplanchar. Olvidarnos por un momento cómo nos llamamos o cómo recorremos ciertas rutas o cómo besamos nos puede llevar a un descubrimiento feliz.

2. No todo el sexo es en los órganos sexuales. Jugar con otras partes del cuerpo puede ser tan satisfactorio como la estimulación sexual directa. Las rodillas, el cuello, las orejas, los pies tienen una cantidad de terminaciones nerviosas que pueden generar muchísimas sensaciones.

3. Juegos y juguetes. Disfraces, comida, electrodomésticos, látigos. Todo vale.

4. Un tercero. O un cuarto. O un quinto. The more the merrier? A veces. Esto se tiene que hacer con mucho mucho cuidado y requiere una serie de planes y consideraciones, pero puede llegar a ser mucho muy entretenido.

5. Fantasía + confianza: combinación perfecta. Muchas veces imaginamos cosas que nos gustaría hacer pero no nos atrevemos a pedir. Hay que vencer a la timidez y decir: “quiero y se me antoja esto, hay que intentarlo”.

Las excepciones a las reglas.

1. Consentimiento de las partes. Los participantes en la relación tienen que estar de acuerdo, en hacer lo que se vaya a hacer.

2. Con seguridad. Nunca atentar contra la dignidad o la integridad. Aunque hay ciertas prácticas extremas que incluyen dolor o peligro, que también se valen porque a cada quién su gusto, no está chido morirse por un orgasmo.

3. Con niños o animales. No tengo que explicarlo, ¿verdad?

Listísimo. Felices descubrimientos.

Cuernos: manual de uso

12 Ene

“Y que no le digan en la esquina, el Vena’o, el Vena’o”, reza la horrenda canción que todos hemos bailado en alguna boda, quinceaños, fiesta de pueblo o lo que sea. Y así como la bailamos, todos en algún punto hemos sido, tanto, portadores como ponedores de cuernos.

El que diga que no es cierto, que lance la primera cornada (pero probablemente esté engañado). Por eso, hoy voy a presentar el manual del Conejitocisne sobre la infidelidad.

Parte I. Poniendo el cuerno

1. Cantar o no cantar, esa es la cuestión. Hay dos clases de infidelidad: la que quieres que te cachen y la que no quieres que te cachen (sí, aunque parezca increíble, uno a veces quiere que lo sepan infiel).  Decidir qué clase de affaire vamos a tener nos puede ayudar a salir mejor librados del asunto.

2. Miénte bien, bonito y barato. Ser infiel es mentir, como principio. Cuando uno dice mentiras, tiene que ser coherente, simple y con buena memoria. La regla para las mentiras es una: créetela tú mism@; y es que si hasta uno considera que se está exagerando, lo más probable es que alguien más tampoco lo crea.

3. El que se lleva, se aguanta. Tener catedral y capillitas tiene repercusiones. Incluso, aunque la otra persona no se entere, tiene repercusiones en uno mismo, porque es uno el que está violentando una relación de confianza (y cariño, y respeto). Después de una infidelidad nada es igual. Y no necesariamente es para mal, pero todo hay que saber manejarlo.

Parte II. Portando los cuernos

4. Ojos que no ven, corazón que no siente. Los cuernos no duelen hasta que uno sabe que los trae puestos (cosa que puede ser muy doloroso, en realidad), pero hasta no saber que uno los tiene, no hay que hacer demasiados panchos. Porque la verdad, ser paranóico con la infidelidad es de las cosas más pinches que hay.

5. ¿Y, realmente lo quiero saber? Ante la sospecha de tener cuernos, hay dos sopas: querer confirmarlo o querer negarlo. Independientemente de la decisión que se tome, hay que saber que habrá que manejar cualquiera de las dos. Si uno quiere saberlo, pues aguantar vara si la respuesta no nos gusta. Y si uno decide no saber, a pesar de la sospecha, liberarse de ese sentimiento de opresión y no vivir con temor.

6. No hay culpa (en tí mism@, al menos). Muchas veces, cuando nos ponen el cuerpo, buscamos encontrar razones para la conducta de la otra persona y en ocasiones, sentimos que por ser amargosos o feos o inserteaquicualquierdefectoquetengamos, tenemos parte de la culpa. Y ese es el peor error. En realidad, no importa que tan odiososos podamos ser, cuando alguien nos es infiel, toda la responsabilidad es de él/ella, porque fue él/ella quien decidió romper los principios de la relación en lugar de decirnos: “no me gusta”.

Consideración final.

7. ¿Resolver o reparar? Una infidelidad no es el fin del mundo, aceptémoslo. Puede ser lo más culero, ingrato y ojete que hay, pero tampoco es para tirarse de un balcón. En ocasiones, incluso, una infidelidad puede servir para reafirmar otras cosas, si uno aprende de la experiencia y saca lo mejor. Pero después de la infidelidad viene siempre la pregunta: ¿me quedo o me voy? Y cualquiera que sea la respuesta, hay que medir perfectamente los pros y los contras para tomar la mejor decisión.

Dicho esto, suerte. Y no lo olviden. Pase lo que pase, siempre cuídense.

Disclaimer: No, no estoy ni a favor ni en contra de la infidelidad porque cada caso se cuece a parte. He sido infiel y me han sido infiel y aprendí de las dos. Y sí, todo lo anterior lo hablo por experiencia propia.

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